UN CICLO SIN FIN
La naturaleza de todo hombre, de todo ser vivo, es nacer y morir, pero en medio de este inicio y este fin, es necesario recorrer un camino, que a veces es difícil, agradable, o amargo e insoportable, donde cada paso nos aleja más y más del comienzo y nos acerca más a un destino, pero ¿Cuál destino?, si el camino ya está trazado, lo único que queda es caminar sobre él, lo único que se puede hacer es aventurarse a vivirlo, cada instante es una experiencia nueva e irrepetible.
La muerte, se trata de forma curiosa, se aborda desde diferentes perspectivas. La muerte es tan sublime, pero asa la vez tan cruda, en la forma en que invade cada vida, y se hace presente en cada ámbito de la vida,en la cotidianidad, en la que cada persona tiene su propia postura, por ende también una reacción, al final de todo la muerte es sólo un estado más del ser humano.
Ya que la muerte empieza, en el preciso momento en que la vida termina. Un caso que sería un ejemplo perfecto; un anciano agonizante, que en su lecho de muerte y ya satisfecho o no de la vida que este ha llevado, es muy difícil, imposible saber que experimenta en ese estado, en ese lapso de tiempo, en espera a que llegue la dichosa muerte, la que no distingue, y tampoco desprecia cada vida que pueda encontrarse, ya sea un bebé o este anciano, llega a todos por igual.
Cuando la llama que enciende y da vida a este cuerpo, se extingue como humo elevandose lentamente por el aire cada vez más y más disperso, hasta que se desvanece y termina dejando un cuerpo postrado, un cuerpo que desaparece con el tiempo, ese mismo tiempo que permite vivir, y ve cada llama, como se enciende y también como se apaga, unas lentamente, en las que cada segundo, la oscuridad envuelve la luz, la ahoga, quitando todo lo que fue y borrándolo, para dejar un humo desvaneciéndose en el aire, luego en el funeral de aquel personaje, aquellos que fueron allegados en vida, familia, amigos, asisten allí, para despedir aquel cuerpo, que alguna vez abrazaron, que alguna vez sostuvieron, y ahora lo que abraza es el vilo y solitario destino, en la fragilidad carnal se sume todo el dolor, que termina por pudrir lo que antes tuvo vida, desapareciendo, como las olas en la arena, unas van y vienen, algunas dejan un rastro que la memoria se encargará de perpetuar, otras desaparecen. Ahora los restos que reposan en un ataúd, llegarán al fin a un lugar en donde yacerán hasta el fin de los tiempos.
Aquella extinción de la llama del fuego que da vida, trae consigo el comienzo de nuevos procesos, de los cuales el hombre en su basto conocimiento del mundo material, no tiene ningún registro, lo que especula es, otra vida. Entonces ¿será otra muerte?, así pues, podrá existir otra muerte, o será quizá la misma, aquella fría y lúgubre que arrebata sin más ni más aquello que nos hace únicos y diferentes, pero a la vez iguales, la vida.
19, sep | 1 comentario Camilo Andrés compártelo

1 comentario
Interesante y poética reflexión. Sí. Tal vez la muerte traiga consigo otra muerte.
Saludos,
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